monikita nipone
Como si despertara de un coma.
No es fácil volver a encadenar palabras y contar o contarse. No usar la primera persona al hablar. La tercera es simplemente odiosa. El anhelo consiste en dispersarse entre los miles de objetos, disolverse en miles de partículas y confundirse con los elementos básicos. Perder de vista al punto de vista. Por dónde empezar... Hay tanto artificio elaborado en la conjugación de un verbo... Con la elaboración de una frase se escogen la dirección y el sentido únicos, se desprecian los miles de caminos posibles. Además, cómo explicar lo que se vio esta misma mañana, si ni siquiera se es capaz de manipular una sola palabra. Existe la premeditación del lenguaje que lo precede a su enunciación. Y quizás sea cierto eso de que al nombrarlas es cuando existen las cosas. En realidad todos los equívocos y desencuentros proceden de ahí. La silla no se autodefine como objeto. La silla no existe ni cuando se la nombra. Lo cierto es que uno mismo no existe hasta que la silla es nombrada...

La palabra sale de la boca, el sonido se pierde en el éter, y es entonces cuando se nace. Se nace porque se escoge decir "silla". Se nace porque se decide y se discrimina otra posibilidad. Se nace porque nos conectamos a la vida con el usb de cada palabra. Se nace porque ponemos "etiquetitas" a todas las sillas, y nos cabreamos si la etiqueta y la etiqueta no coinciden, y entonces ya se tiene la excusa perfecta para montarla, para enfrentarse con otro, que como en el caso de las sillas, no es uno mismo. En cada enfrentamiento se pone de manifiesto que uno abandonó "aquel" camino, para ir por otro, y eso le revuelve a uno el estómago.

Un día uno se mira al espejo y se apunta con el dedo enano, sin reconocerse aún, entre balbuceos, y le pone nombre al cabezón pelado que tiene frente a sí. Poco a poco se aprende a desenfundar agresivamente el verbo ser para adueñarse de un mundo que no le pertenece a nadie y que existe por si mismo, ajeno a la in-consciencia humana. Pero el verbo ser es rentable. Por eso se venden tan bien las memorias, las biografías. Las noticias. Todo lo que cae en las manos con tufillo de noticiero, todo lo que como un periscopio frente al mundo le entrega a los ojos la visión de lo que acontece, trafica con el verbo ser.

Así que ante tanta complicación es dificil saber quién es uno mismo. Por eso, adoptado el punto de vista, a uno no le queda sino morir para ser. Y se muere en ese centro que lo aleja a uno de la impersonalidad y de la dispersión natural que tienen todas las cosas que aún no son capaces de nombrar-se. Ese lugar existe. Es el lugar en el que nací.
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